martes, 22 de diciembre de 2020

Esperando a Mario

 Las luces siempre me transmitieron un mensaje, hoy no me transmiten nada. No son las mismas, han cambiado, ellas y yo. Salgo del coche tras recorrer cientos de calles. Estaciono y me da vergüenza no tener más que unos céntimos en monedas para la persona que me ayuda. Los escaparates me parecen tristes porque yo también lo estoy. Supongo que es un sentimiento sobrevenido. Será quizás la pesadez del menú que acabo de engullir, o tal vez sea que nunca estoy conforme con mi voltaje. Soy una luz más de esas que no me alumbran. No me alumbro. Proyecto sombras. Y eso recojo. Una silueta translúcida. Una calle más oscura dentro de mí. Sueño despierto. Esta es una mala hora. Son las cuatro de la tarde. No descanso. Espero. Espero como siempre ver luces que sí me indiquen un camino, para seguir o no. Al menos una ruta, una senda, un corredor que no sea el de la muerte en vida. Abomino el Merry Christmas, el bombo del gordo y su parafernalia. Rompo dos décimos. Cuarenta pavos a la basura. A la mierda el sorteo de Navidad con mascarillas y sin público. Pido el cortado esperando a Mario Se acabaron los diez minutos de cortesía y los del ejercicio.

lunes, 21 de diciembre de 2020

El paseo

 


Me levanto, casi olvido la chaqueta, dudo y finalmente la cojo. No me fio de este tiempo de diciembre. Al cruzar la entrada penetro en una librería, me invade el olor a libros nuevos, y el teclear de una máquina de escribir. Seguramente provenga de un ordenador, pero prefiero pensar en el castañeteo de teclas metálicas al pulsarse e imprimir sus letras de tinta sobre papel amarillento.

Qué diferentes son las librerías de las bibliotecas, en ellas los libros no se esconden en hileras apretadas. En ellas muestran su cara. De pronto, me siento observado. Cientos o quizás miles de caras me miran desde todas partes. Algunas son de autores mucho más grandes de lo que yo jamás seré. Otras, dibujos o fotografías. Pero tienen algo en común, me observan. Empiezo a sentirme como si acabara de salir al escenario de un teatro, gradas de rostros, conocidos y anónimos me observan en silencio. ¿Qué esperan de mí?

Aprieto el paso hasta la entrada donde, desde una portada, me despide la cara de un hombre cuya mandíbula abierta se transparenta a través de la piel. “Ya volverás y yo seguiré aquí”,  parece estar pensando.

Salgo a la calle donde el Sol se empeña en aparentar más horas de luz de las que le quedan. A mi derecha,  un edificio que debió de ser hermoso. Lo sé porque tiene cenefas de piedra tallada bajo los balcones. Sin embargo, la dejadez y la polución han vuelto su fachada sucia y terrosa, necesitada de los andamios que la cubren. Sus puertas están abiertas, y en el interior se oyen las risas toscas de varios obreros que observan cómo otro aletea imitando a un pollo. Acelero el paso rumbo a un jardín envuelto en coches. Uno de ellos, naranja, grande, decide que su tiempo es más importante que el mío y acelera para cruzar antes que yo el paso de cebra.

Me da igual, no tengo prisa. De hecho, voy a volver a la librería donde me espera el hombre de mandíbula descubierta y un paseo por escribir.

 

viernes, 18 de diciembre de 2020

"Bliss": ejercicio Nº4 escrito en el taller luego del breve paseo

 

Bliss I

(no hay una traducción exacta del inglés, quizá dicha, pero no es lo mismo)

 

¿Cómo describir lo que no se ve?, ¿cómo hablar de que el aire es sanador?, ¿cómo definir un cielo impoluto?, ¿cómo explicar un aroma indefinible?

 Como sentir la felicidad existencial de lo esencial, como alimentarse sólo de oxígeno puro liberado por flores, como imaginarse estar cercano al edén, como un hecho sin lógica que no se percibe por los sentidos.

 La atmósfera apenas quieta del Mediterráneo, la calle casi olvidada*, la avenida lejana y murmurante, la tinta aun fresca de los libros.

 Mi bienestar cotidiano y cercano, mi deseo de calma y reflexión, mi sueño de clima y dicha, mi goce ante el blanco y negro del conocimiento.

 Bliss II

Un cielo sin alteraciones, bellamente uniforme, restos de sol cálido en las partes altas de los edificios, ruidos lejanos, ríos que corren por las avenidas, el aire apenas quieto que sana**, temperatura sin sorpresas, una explosión de charlas que se apagan al cruzar una puerta, mucho cielo, las nubes huidas, sólo los contrastes de la luz anaranjada, el cielo celeste, el gris oscuro de las sombras, la vuelta, el imperio de tinta, el conocimiento y la necesidad humana de expresarse con emociones.  

Correcciones: * en el original agregaba “…, casi sin ruido”; ** ídem aquí “… que parece sanar”

 

Reflexión a posteriori:

Al salir, terminado el taller, registré lo que no había percibido en la caminata: la suciedad, los escombros, el polvo, los andamios, la gente que caminaba por esta calle, los escaparates, las luces, el ruido ensordecedor del tráfico que llegaba desde la avenida, el frío del aire, el olor de los escapes de automóviles, el bar La Raspa donde cada martes me siento por media hora a tomar café, las cebras de cruce no siempre respetadas, las carátulas y los títulos de los libros, la transformación del enorme edificio a hotel, manadas de puertas aburridas, avalanchas de ventanas anodinas. Me sentí abrumado, dos horas antes no habían existido para mí.

Bárbara me preguntó varias veces si ese estado, esa sensación que me llevó a escribir los cortos textos del ejercicio no era algo que traía ya de antes, una predisposición. Afirmé con firmeza, y vuelvo a hacerlo, que no fue así. Deduzco esto ahora: quizá haya tenido una marcada influencia la conversación previa al comienzo del taller: cuando entramos al salón de clase nos sentimos “raros”, nos abrazaba una sensación inexplicable , algo que no lográbamos entender. Era la misma sala de siempre, nada había cambiado físicamente, ni las mesas, ni las sillas, ni las fotos, ni las paredes, ni las luces, ni nada visible. Notamos un olor, no desagradable, bastante fuerte, quizá de algún elemento de limpieza. ¿Sería por eso? Hablamos de la inmediatez con que llegan al cerebro las sensaciones de los aromas, cómo nos quedan grabados, a veces para toda la vida. Es natural que estemos siempre alerta a todo lo que se huele. Por otro lado, existen elementos volátiles, más bien señales todavía sin analizar, son como aromas que no percibimos conscientemente (como el que genera una hembra en celo o, más elegantemente, una mujer que está fértil, lo mismo si está embarazada). Esas señales llegan de alguna forma al cerebro en ciertas ocasiones. Baste un ejemplo simple: los perros perciben el miedo en los hombres por secreciones que son inescrutables para los humanos. Reacciones, capacidades, sentimientos muy primitivos que todos arrastramos a pesar de millones de años de evolución como primates homínidos.

Pienso ahora en los dos minutos de silencio, la concentración previa al paseo. Fue una meditación, los ojos cerrados incrementan la concentración de nuestra mente en los otros sentidos, en aquellos muy diferentes de la vista. Tuve clara, además, mi propia voluntad de evitar encarar el paseo como un escenario para fotografías. Había utilizado el mismo ejercicio en seminarios de jóvenes fotógrafos, servían para la detección de situaciones con objetivos fotogénicos e interesantes fuera donde fuera. Mi motto había sido: Fotografiar es ver, y ver es sentir.

Conversaba con Pablo, sorprendido por mi ceguera en el ejercicio: si se hubiera cometido un asesinato allí, durante el paseo y en la mismísima calle grabador Esteve, no podría haber sido peor testigo, no capté nada de lo que físicamente nos rodeaba. Ahora pienso que no es tanto que haya ignorado el entorno físico sino que fui invadido por sensaciones generadas, básicamente, por el estado atmosférico del momento al interactuar con lo que yo deseaba. Puro Bliss. O sea que el archiconocido poema:

Y es que en el mundo traidor

nada hay verdad ni mentira:

todo es según el color

del cristal con que se mira.

 

sigue teniendo tanta vigencia como siempre; gracias Ramón de Campoamor.

 Valencia, 17 de diciembre de 2020.

Ejercicio del paseo.

La calle rezumaba gris. Eran las cinco y media de la tarde de un día de invierno y todo lo que me rodeaba eran matas de polvo en conjunción. Figuras complejas formadas por la homogeneidad del polvo. Se respiraba de las fachadas, de los coches, también en las terrazas e incluso en las miradas.
Dos obreros se encargaban de propagarlo por toda la calle desde una casa en obras. La estaban construyendo otra vez. Quizá, le estuviesen dando una segundo oportunidad, o quizá, iban a liberarla de la soledad que en ella habitaba, quien sabe. Lo que era seguro es que sus restos se propagaban por toda la calle impregnando todo lo que encontraba.
En la acera de enfrente unas luces amarillas acogían mi mirada de despreocupación fingida, de hecho, no podía apartar la vista de aquellas motas de polvo colisionando contra los abrigos de aquellos señores ricachones, como si les estuviesen seleccionando. Era una presagio, una señal del destino que se burlaba de todos nosotros. Éste es tu futuro proclama su mensaje, que iba acompañado de un constante resonar de escombros contra el conteiner. Graves. Inevitables.

La cafetería culminó su esplendor en la esquina de la calle pero no pudo contagiar su viveza a su compañera de enfrente que lucía en la persiana el cartel de se vende. La muerte la había tomado, ya poco había que hacer, solo era cuestión de tiempo que se convirtiese en polvo y ruinas. como yo, yo era el siguiente.
Al girarme la observé, estaba allí desde el principio, esperándome. La muerte se había transformado en un andamio bajo el que nacía un túnel. ¿Por qué retrasar lo inevitable? Pensé. Quizá, al otro lado pueda ser una bella moto, o mejor aún un estanque lleno de patos.


miércoles, 16 de diciembre de 2020

Violencia obstétrica

VIOLENCIA OBSTÉTRICA

 

Abro los ojos en el zulo, como Ana Frank, como Gregor Samsa. Un extraño útero de yeso, helado. Un útero muerto (hay madres que paren fetos muertos; hay niños, también, que vienen a nacer de madres muertas).  Un útero que quiere ventilarse y que no puede, con un patio sin una sola luz, pero con un sonido extraño de oficina, de burocracia yerma, difunta, taxidérmica. De oficina gastada, de obrero que vuelve justo a tiempo del plato de tortilla y los pies sobre la mesa. Despierto, avanzo, llamado por los golpes de un teclado, el crepitar caliente de una bolsa. Avanzo hasta la tienda, a un mundo de papel, por un canal del parto forrado de anaqueles y de libros. Y reconozco lomos, me encuentro con la Sontag, que escribe del dolor de los demás. Dolor de los demás que no es el mío, porque yo no he nacido y estoy a tiempo aún de no nacer. Voy a nacer al mundo entre los libros, y me lo pienso mucho, porque hay más mundo adentro que en la calle. Más mundo en las hileras de letras de los libros que en la promesa triste de la calle. Al fin nazco a la calle, el parto es siempre eso: un alma en desconcierto, un triste escupitajo de carne al desconsuelo. Hay un ambiente glauco, una luz deslucida, se filtra entre las lonas de un andamio de obra, la engullen los zaguanes con escombros, la convierten en un aliento frío, con olor a humedad. Como pasar la lengua por una pared fresca. En la calle me cruzo con otros muchos niños, paridos todos ellos al mismo desconcierto. Somos niños luxados del gozo primigenio, gastados, extraviados en esta calle ciega. Uno va en un carrito (¿adónde va el carrito?), otro lleva uniforme con calcetines altos, de un amarillo alto; otro espera delante de la luna tremenda de un gran escaparate,  justo enfrente del libro El corazón que tengo. Vuelvo al canal del parto forrado de portadas. Me fijo en una de ellas que me llama de nuevo, que me invita al regreso, que dice justo así: Utilidad de las desgracias. A su lado está Patria.

Mi patria está en el útero.

martes, 1 de diciembre de 2020

CORRIENTE DE CONCIENCIA PÍLDORA X

 tengo el gintonic sobre la repisa de la chimenea el trombón de varas qué bonito suena cuando dejo de pensar y toco días de vino y rosas que me sale de puta madre sin pensar nada de pensar hoy no se piensa y además si me da la gana improviso en fa mayor y suena igualmente para los amigos con dos cubatas no sé cuántos seríamos en esa fiesta si pudiera me tiraría a María Eugenia hoy está realmente para comérsela aunque Daniela no le va a la zaga ahora dejo de tocar y salgo a fumar llevo mi copa de vino no sé cuántas copas de vino llevo alterno el vino con los gintonics y bebo también cerveza mucha cerveza en cantidades industriales salimos al porche y está nevado no tengo frío me voy a enfriar me resfriaré si no me pongo la chaqueta no me hace falta salgo con la camiseta térmica negra de manga larga la que se lleva aquí en Las Rocosas estos son tipos duros me estoy haciendo uno de ellos ya tengo cara de canadiense en las fotos salgo con cara de gilipollas como si fuera uno de ellos ellos no son gilipollas pero sus caras me parecen las caras de gilipollas la primera la de la consejera de educación la del board of education se emperifolla para parecer agradable pero es una cabrona lo sabemos todos los que estamos aquí pero eso no va a impedir que lo sepamos ya hemos pillado el rollo hacemos como que nos hacemos los tontos pero de eso ni un pelo en la fiesta estoy en el porche y no me decido ahora Daniela me parece más apetecible es porque ha salido conmigo a ese porche la casa donde estoy es de una de Alicante que no es profe la verdad que no sé muy bien lo que hace ayuda a muchos de los que venimos aquí a este culo del mundo a mi me ha dejado una maleta y es muy amable conmigo más de lo necesario no estoy seguro si se me quiere follar o le gustaría follarse a mi mujer puede que sea lesbiana o bisexual no sé está ahí no creo que sea pero no lo descarto su marido José Ramón le deja hacer lo que quiere si quiere tirarse a alguien le deja y punto sólo pone una condición y es que pueda ver a su mujer follando con el pececito sí es un pececito que ha capturado también es alicantino ha llegado sin tener contrato ni casa es joven e inexperto se ha dejado a su mujer y a sus tres hijos en Sax pues aquí si quiere va a tener sex no sax creo que ha hecho un cursillo de soldador le han dicho que se paga muy bien si haces buen trabajo de soldador te forras tío aquí cobras una leña y este de Sax ya sabía soldar muy bien en España pero necesita ese certificado para que le dejen trabajar en cualquiera de los yacimientos de gas soldando tuberías o qué sé yo creo que la Maribel la de Alicante quiere cobrarse en carne el alquiler de la habitación del de Sax y ya se está poniendo muy ciego no sabe lo que le espera esta noche María Eugenia está dentro creo que voy a entrar a verla dentro hace calor y va ligera de ropa no recuerdo el color de su camiseta de tirantes pero los pezones están bien marcados sí es de color rosa y su cabellera es larga y morena pero no me la puedo tirar sólo vamos a cantar alguna canción en catalán Que Tinguem Sort le gusta mucho y así nos agarramos y la cojo por la cintura como un verdadero amigo inofensivo y le rozo los pechos creo que yo también le gusto su marido es colombiano un negro simpático muy cariñoso y con unos músculos de acero ya me gustarían esos biceps a mí la vara del trombón me parecería una pluma al moverla creo que los platos rotos los va a pagar mi mujer esta noche porque me estoy poniendo muy cachondo voy a ponerme otro gintónic o mejor que me lo sirva Daniela la nevera es de las gigantes XXL con su portezuela para los cubitos de hielo las cervezas las tenemos en la terraza en un cubo de esos de basura con agua no necesitamos más para enfriarlas estamos a cuatro grados y ha dejado de nevar hace rato está completamente cubierto de nieve y la noche es joven son las cinco de la tarde y la fiesta sigue youhoo los niños juegan entre ellos mi hija las hijas de María Eugenia y los hijos de Daniela Sofía también tiene dos hijos es bailarina me gusta su cuerpo más que su cara su cara no me desagrada en absoluto sus labios son bonitos y perfilados sus ojos son bonitos y claros su pelo es rubio está muy delgada y también viste camiseta de tirantes como María Eugenia yo prefiero con más carne y más tetas y María Eugenia es mi preferida si pudiera me la follaba aquí mismo delante de todos si pudiera hacer que se quedaran todos petrificados durmiendo como en La Bella Durmiente durante cien años y yo montando a María Eugenia durante cien años y ella montándome a mi los mismos cien años y corriéndome una y otra vez y ella corriéndose y también cantando mientras descansamos la canción de Lluís Llach me bebo otro gin tonic y me salgo a ver quien me invita a fumar no paro de fumar ni de beber drogas no gracias con beber fumar y pensar a quien me follo es suficiente voy muy ciego Xavi se ha traído a una canadiense de su High School quiere tocar mi trombón lo tengo en la habitación en el piso de arriba subimos para mostrárselo ella cierra la puerta me agarra sin previo aviso me lanza sobre la cama donde reposa inerte mi Bach Stradivarius se quita todas las prendas de vestir y me quita las mías me come la boca como si no hubiese cenado ni un canapé me lanza sobre el colchón me plantifica una funda y me monta como si fuera una campeona olímpica de equitación oigo vagamente las voces de la fiesta en el piso de abajo sus pechos los pone a la altura de mis labios y se los devoro son grandes y sus pezones erectos me recuerdan unas píldoras las píldoras X ella acaba y acaba conmigo nos vestimos baja ella primero yo me quedo y bajo después en el salón me preguntan que dónde estaba enfundando el trombón respondo ya no voy a tocar más se está haciendo tarde le pido a mi mujer que conduzca ella me encuentro un poco aturdido


A mos redó - Na Jordana (alternativa, hasta con 3 adjetivos, para el ej. Nº12)

  A mos redó - Na Jordana Los veo, ¿me veo?, casi todas las mesas de la terraza ocupadas, son vecinos del barrio, aquí es raro ver turista...