Tonto como
adjetivo (v.3.1)
“¿Por qué esa mala
fama de los adjetivos?” *
Instrucciones para lectura
abreviada - leer sólo: 15:58 con acotación previa, 16:20, 18:20, 18:40,
18:50 18:58, 20:28 y 20:30. Para lectura
súper abreviada: 15:58 con acotación previa, 18:50, 18:58, 20:28 y 20:30.
Para la ultra abreviada: leed las
acotaciones y dedicatoria; ah, y conseguíos Selecciones de Reader’s Digest.
13:41 - invitación de Bárbara para presentación de libro
en Librería Berlín - estaría bueno ir, ver gente, cambiar de ambiente, conocer
el lugar.
13:45 – respondo
por FB, soy tonto al responder por FB - un tonto dinosaurio de FB dirían mis
nietos.
13:55 – comeré en casa, ojalá no me caiga pesado, debo
estar despierto - el martes no pude concentrarme por el volumen la música - fui
un cagueta, no encaré al mesero, no había nadie en el local - un modo de
aceptar lo que no quiero sin pelearlo, un tonto cagón.
14:15 – yo, tonto
haragán, ni una ensalada me hago, aunque está cortada y pronta - mezclo seitán
y arroz indonesio, restos de la noche del martes – recuerdo a mi hija Nadia,
estricta vegetariana – dice que soy un tonto ex-vegetariano, luego de 20 años caí
seducido por las tentaciones de la carne -
un tonto y débil humano, cualquiera.
15:00 – bebí una copa
de rosado de Navarra, estaba frío - fue para digerir mejor, justifiqué - tonta
elección – tengo modorra - leo a Katherine Mansfield, relatos de principios del
siglo XX, no son ni viejos ni nada tontos, me gustan - no logro mucha concentración,
culpo a mi sobremesa con efluvios del caldo navarro – leo - pienso en la compra
del Carrefour, si llego a 25€ tendré una cajita de huevos gratis, mi mente se
engancha en la promoción - no puedo evitarlo, soy un tonto comprador - como
todos - me río solo.
15:50 – miro el
mapa en el móvil como un tonto turista - ¿dónde deseas ir?, pregunta Here - a Librería
Berlín - 40’ minutos andando, 15’ en bici, 32’ en bus, pero con una caminata
larguísima que cruza el tonto río que no existe - ¿será tonto por eso o será,
más bien, avispado?, sin inundaciones, sin sequías, sin orillas, sin ranas, sin
peces, sin agua contaminada – caminaría tanto como ir sólo andando - la bici
entonces, iré por el parque, más fresco - ojo, lleno de patinetes, peligrosos,
imprevisibles, también tontos turistas tomando fotos por los carriles bici - leo
a Nabókov, no es un tonto escritor, no - manipula, desestabiliza, cambia en
cada relato, juega con el lector, pura habilidad, puro virtuosismo.
“Escribir desde el
yo, ¿qué cosa será eso de escribir desde el yo?” **
15:58 – me
llega el limbo de la siesta, me hundo en el sillón, el Kindle se apaga solo en
mis rendidas manos, las gafas aún puestas, ¿trato acaso de ver más allá de mi
tonto horizonte racional? - estoy obsesionado, apareció una idea en mi mente,
luego se esfumó - la puta memoria, que no es la tonta memoria, es traidora,
vengativa, triste y alegre, pero nunca tonta – esa idea era interesante, y era
para utilizar un adjetivo – lo percibí cuando desperté para la primera micción
de la noche, así la llaman en la analítica, no es como una tonta meada – me quedó
la picazón, como una sensación, esa inevitable cicatriz que deja lo que estuvo,
eso que fue y que no supe qué era, esa brillantez que ni en mis propios sueños aparece
– un grano pustuloso, sigue ahí, no sé qué lo formó, me atormenta y me atormento - soy un
tonto homo non-sapiens sufriendo por no tener imaginación.
16:20 – sí, la
bici sería ideal – y, ¿qué hago con el casco durante la presentación?, ¿dónde
dejo la bici? – no en la calle, no - miro el pronóstico, no me creo lo que predicen,
pero es como con las religiones, la fe ayuda ante las tontas dudas - el
pronóstico parece prever que la tarde será abominablemente tórrida.
16:30 – me agrada
llegar con adelanto, media hora antes, la tranquilidad que cae bien luego de
caminar, o de pedalear - tengo un tonto sueño, un taxi con aire acondicionado,
un jubilado no debe gastarse el ahorro del Carrefour en ese tonto y breve lujo.
17:30 – termino un
relato de Nabókov, lo elegí al azar, A
Russian Beauty, recuerdo una tonta estructura, la armé hace un tiempo - en
un restaurante de Moscú, observaba mi hermosa vecina sentada sola con su
ordenador en la mesa de al lado – a esa imagen sumo el de un depravado colega
que abusaba de su alumna, los otros profesores la llamábamos, con sorna y sin
saber lo que estaba sucediendo, la muñeca
rusa – asociación de ideas por falta
de ellas – entonces usaría “bella” como adjetivo para el deber – estoy en el Café Pushkin tomando chocolate con la Nathalie de Gilbert Bécaud, otra tonta idea de un tonto soñador despierto
recordando sensaciones tontamente agradables.
18:20 – La place rouge était vide, hermosa
canción, la voz ronca del abusador de Gilbert suena en mi mente, ¿qué tiene que
ver Moscú? - preparo té, una tetera entera con mezcla de hojas sueltas Ceylan, Assam
y un toque de Lapsang Suchong, sabe similar al de las caravanas rusas - no
tengo samovar, ¿seré un nostálgico por desear un samovar? - ¡qué rico y
refrescante queda mi té!, ¿seré un tonto rebuscado por tomar té caliente con 29º?
18:40 – tantas
tontas lecturas, tantos tontos divagues, el tonto tiempo pasa, no podré llegar
al evento con anticipación - ¿qué me pongo?, soy un rematado idiota, ¡qué
importa!, sí, me importa – puede caer la lluvia del pronóstico, tiene 50% de
probabilidades - las probabilidades no existen, si no, yo ya estaría preparando
el viaje al mundo del después, las estadísticas me dicen que se daría dentro de
unos meses, luego de este verano, en el tonto otoño que acecha – las
estadísticas son así, acechan.
18:50 – bebí tres
tazas de té - no, no puedo ir ya en bici, no tendría el tiempo de relajarme
antes de la presentación - ah, cogeré el autobús, aunque más no sea que para
una parte del trayecto – bajo a la calle - en la parada miro el móvil, pronto
pasará el 95 con turistas hacia la playa, ¿dónde deberé apearme? - busco la
respuesta con la app de la EMT, oigo un motor que acelera, es el 95 que este
tonto divagante ha perdido al mirar el tonto móvil para saber cuándo pasaría el
tonto autobús que se esfuma delante de sus narices…
18:58 – cruzo Serranos,
corro mucho, hay semáforos, quizá la tonta suerte haga que el 95 se demore y lo
pesque en la siguiente parada - sí, es así, unos turistas hacen preguntas y el
95 sigue detenido, apresuro, corro, en mi muñeca el reloj inteligente señala
que he pasado las 150 ppm, es demasiado, estoy agitado - los turistas no suben,
el 95 cierra las puertas y quedo a unos tontos 30 metros de haberlo alcanzado.
19:01 – el próximo
95 está a 9’, no llegaré a tiempo – corro hasta otra parada, la del 94, llegará
en 2 minutos – eureka, el 94 cruza el tonto río que no es tal, menos caminata,
sólo 600 m en lugar de 900 – llegaré a tiempo
19:28 – es Valencia,
siempre hay minutos de tolerancia – trato de regular mi respiración, el bobo,
o sea corazón en uruguayo urbano, está acelerado, no hemos tenido la elegancia
de llamarlo el tonto, sería más
literario – en la acera veo a Kike, veo a Manuel, me saludan - mi ritmo
cardíaco comienza a bajar de esos entusiastas 142 ppm de la caminata, fueron al
tempo presto del último movimiento de la 4ta. de Tchaikowsky.
20:02 – estoy en
la sala - me relajo como puedo - tomo una foto de Bárbara y Juan – mis pulsaciones
ya están domesticadas, soy el contrafagotista que respira a fondo con el diafragma
bien bajo para tocar ahí mismo y con suficiente fiato, el solo de la variación de La Bella y la Bestia de Mi Madre la Oca de Ravel - ¿por qué me
toca el papel de bestia?
20:28 – me fascina
Juan – profundo como la fosa de las Marianas, sin embargo, transparente y claro
como el agua de las lagunas que aparecen en los arrecifes de coral.
20:30 – pido a
Juan que me dedique su libro, es “Fuego
Amigo, los restos de la escritura” - me presento, dice que me recuerda, ¿cómo?,
no, no puede ser, ¿de dónde?, de FB me dice – y me escribe una dedicatoria que
termina así:
“… para que sigamos
conversando con Onetti”.
Valencia 17 de junio de 2021
* Juan Gracia
Armendáriz en “Fuego Amigo, los restos de la escritura”: pág. 108
** Ídem: pág. 69
No hay comentarios:
Publicar un comentario